El Toyota RAV4 de cuarta generación (nombre en clave XA40) marca un giro radical en la historia del modelo. Atrás quedó el pequeño 4x4 aventurero con la rueda de repuesto en el portón trasero: el RAV4 IV se aburguesa y se convierte en un SUV familiar espacioso, orientado al confort en carretera y la habitabilidad. Lanzado a finales de 2012 y comercializado en 2013, se benefició de un importante rediseño en 2015 (Fase 2) que introdujo la muy aclamada motorización híbrida (HSD). Si bien las versiones diésel tuvieron diversa suerte en términos de fiabilidad, las motorizaciones de gasolina (en las que nos centramos) e híbridas muestran una robustez excepcional, digna de la reputación de la marca japonesa.
El Toyota RAV4 IV es una elección absolutamente sensata, siempre que se elija bien la motorización. Si opta por las versiones de gasolina (2.0L o 2.5L según su mercado), estará comprando uno de los SUV más fiables de su década. Estos motores atmosféricos, aunque carecen un poco de carácter frente a los pequeños motores turbo europeos, ofrecen una tranquilidad inigualable y unos costes de mantenimiento irrisorios. La versión híbrida (aparecida en 2016) es la cumbre de la gama, combinando esta misma fiabilidad con un consumo controlado. Por el contrario, las versiones diésel deben evitarse, a menos que sea un gran conductor de autopista y el historial de mantenimiento sea impecable.