El Toyota RAV4 de cuarta generación (XA40) marca un punto de inflexión importante en la historia del modelo. Atrás quedó el pequeño 4x4 urbano con la rueda de repuesto en el portón trasero: el XA40 se aburguesa y se convierte en un SUV familiar espacioso, priorizando el volumen del maletero y la habitabilidad. Rediseñado a finales de 2015 (Fase 2), introdujo la motorización híbrida que le dio su éxito. Sin embargo, en el mercado europeo, la primera parte de su carrera estuvo ampliamente dominada por las motorizaciones diésel (D-4D). Toyota utilizó primero sus propios bloques (1AD-FTV y 2AD-FHV) antes de establecer una asociación con BMW para el rediseño, integrando un bloque 2.0 de origen bávaro (1WW/2WW). Aunque el RAV4 es intrínsecamente robusto, estas versiones diésel constituyen el tal
El Toyota RAV4 (XA40) es un excelente SUV familiar, pero su historial de fiabilidad está dividido en dos. Si opta por una versión gasolina o híbrida, es una compra 'a ciegas' que le llevará más allá de los 300.000 km sin problemas. Por el contrario, las versiones diésel exigen mucha precaución. Ya sean los bloques Toyota (124/150 CV) o el bloque BMW (143 CV), todos sufren los males modernos del diésel (FAP, EGR, cadena para el BMW). Si hace menos de 20.000 km al año o mucha ciudad, huya del diésel. Si es un gran viajero (autopista/vías rápidas), el 2.0 D-4D de 124 CV o el de 143 CV pueden considerarse, siempre que tenga un historial de mantenimiento impecable y negocie el precio, ya que estas versiones se deprecian mucho frente al híbrido.