El Mazda CX-5 de primera generación (código de chasis KE) marcó un punto de inflexión importante para la marca japonesa. Lanzado en 2012, fue el primer modelo en encarnar plenamente la filosofía de diseño 'Kodo – Alma en movimiento' e integrar el conjunto de tecnologías 'Skyactiv' (motores, transmisiones, chasis, carrocería). Posicionado en el segmento altamente competitivo de los SUV compactos, el CX-5 se distinguió rápidamente por su placer de conducción, su eficiencia (especialmente para los motores de gasolina) y su diseño dinámico. Una ligera actualización se produjo a principios de 2015, aportando mejoras estéticas (faros, parrilla, luces traseras), una insonorización mejorada, un sistema de infoentretenimiento MZD Connect más moderno y evoluciones en los equipos de seguridad. En gen
El Mazda CX-5 de primera generación es una excelente opción en el mercado de segunda mano, siempre que se elija bien la motorización. Las versiones de gasolina Skyactiv-G (2.0L y 2.5L) son valores seguros, ofreciendo una fiabilidad ejemplar, un consumo razonable y un placer de conducción innegable. Son las preferibles para la tranquilidad y se adaptan a la mayoría de los usos. Para las versiones diésel Skyactiv-D 2.2L, se recomienda precaución. Si está considerando un diésel, es imperativo buscar un modelo producido a partir de finales de 2014 o, idealmente, un modelo actualizado (2015-2017). Para estos últimos, asegúrese de que el historial de mantenimiento sea impecable y que se hayan aplicado los correctivos relacionados con las juntas de los inyectores y el filtro de aceite. Un uso mayoritariamente en carretera/autopista es indispensable para la longevidad del FAP y del motor diésel. Un diésel de los primeros años (2012-2014) sin un historial claro de reparaciones debe considerarse con gran desconfianza, o incluso evitarse. En general, el CX-5 KE sigue siendo un SUV muy recomendable por su dinamismo y calidad, especialmente en gasolina.