El Land Rover Range Rover de cuarta generación (L405) marcó un importante punto de inflexión tecnológico en su lanzamiento en 2012. Primer SUV del mundo dotado de una estructura monocasco íntegramente de aluminio, perdió hasta 420 kg respecto a su predecesor (L322), mejorando así su comportamiento en carretera y su eficiencia. Rediseñado a finales de 2017 (modelo 2018) con la integración del sistema de infoentretenimiento Touch Pro Duo y la llegada de motorizaciones híbridas enchufables (PHEV), encarna el summum del lujo todoterreno. Sin embargo, a pesar de sus prestaciones majestuosas, el L405 sufre la reputación histórica de la marca: una fiabilidad mecánica y electrónica muy caprichosa. Las motorizaciones de gasolina (V6 y V8 sobrealimentados) ofrecen un agrado excepcional pero exigen u
El Range Rover L405 es un vehículo paradójico: ofrece una experiencia de conducción y un lujo inigualables, pero su fiabilidad es objetivamente mediocre. Si opta por una motorización de gasolina (V6 o V8 Supercharged), el motor en sí es robusto, pero sus periféricos (refrigeración de plástico, bomba de agua) son bombas de relojería si no se sustituyen de forma preventiva. La compra de un L405 de ocasión solo debe plantearse con un historial de mantenimiento impecable e, idealmente, una garantía de avería mecánica ampliada. Huya de los diésel V6 (riesgo de rotura del cigüeñal) y desconfíe de los primeros modelos PHEV (2018-2019) plagados de fallos de software.