El Land Rover Freelander 2 (generación L359), vendido bajo el nombre de LR2 en América del Norte, marca una ruptura total con la primera generación de fiabilidad desastrosa. Basado en la plataforma Ford EUCD (compartida con el Volvo XC60), ofrece excelentes capacidades todoterreno gracias al sistema Terrain Response, garantizando al mismo tiempo un buen confort en carretera. Aunque el mercado europeo ha preferido los diésel (TD4/SD4), las motorizaciones de gasolina (3.2 i6 y 2.0 Si4) son particularmente dignas de interés por su fiabilidad superior, a pesar de un consumo elevado. El modelo ha sufrido dos lavados de cara (2010 y 2012) que mejoraron el acabado interior y modernizaron las ópticas. En general, es un SUV robusto, pero penalizado por periféricos frágiles (Haldex, electrónica) que
El Land Rover Freelander 2 es un SUV paradójico. Las estadísticas globales (ADAC: 5.5 averías/1000 veh, TÜV: 22.5% de defectos, What Car?: 2.5/5) lo sitúan por debajo de la media en términos de fiabilidad global, principalmente a causa de su electrónica, de sus pesados trenes de rodaje y de la negligencia en el mantenimiento del sistema Haldex. Sin embargo, si nos centramos específicamente en las motorizaciones de gasolina (con el 3.2 i6 a la cabeza), el balance mecánico es excelente. El 6 cilindros en línea es indestructible si se le cambia el aceite correctamente. Para una compra tranquila: priorice un modelo de gasolina, exija facturas que demuestren el cambio de aceite de la caja de cambios automática y del eje trasero/Haldex, y verifique la ausencia de ruidos de transmisión. Los diésel deben comprarse con conocimiento de causa (distribución estricta, EGR).