El Land Rover Discovery Sport de primera generación (L550) sucedió al Freelander 2 en 2014. Posicionado como un SUV compacto premium familiar, destaca por su configuración de 5+2 plazas (rara en la categoría) y sus verdaderas aptitudes todoterreno gracias al sistema Terrain Response. A nivel mecánico, su carrera se divide en dos fases: un lanzamiento con motorizaciones heredadas de la era Ford (2.2 diésel y 2.0 gasolina EcoBoost), y luego una transición hacia la familia de motores modulares 'Ingenium' de Jaguar Land Rover a partir de 2015/2016. Aunque muy atractivo, este modelo sufre de un historial de fiabilidad mediocre (TÜV, ADAC, What Car?), particularmente en los primeros años de producción (caja de cambios ZF9, electrónica) y en los diésel Ingenium. El restyling de 2019 aportó mejora
El Land Rover Discovery Sport de primera generación es un vehículo lleno de cualidades familiares y dinámicas, pero lastrado por una fiabilidad global muy por debajo de los estándares premium. Con una tasa de averías del ADAC de 4.8 y una tasa de defectos del TÜV del 20.5% a los 3 años, la compra debe ser extremadamente prudente. Si busca una versión de gasolina: Priorice los modelos a partir de 2017 (motor Ingenium) para un consumo ligeramente más contenido, o el 2.0 Si4 (Ford) anterior a 2017 si conduce poco, siempre que la caja de cambios ZF9 haya sido actualizada y se le haya cambiado el aceite. A evitar: Los diésel Ingenium (2.0 TD4/SD4 de 2015 a 2018) en uso urbano, y cualquier modelo que carezca de un libro de mantenimiento transparente con cambios de aceite frecuentes (máx. 15.000 km). El restyling de 2019 mejoró enormemente la electrónica y los acabados.