El Land Rover Discovery de quinta generación (L462) marca una ruptura radical con sus predecesores. Atrás quedan el chasis de largueros y el diseño cúbico, adoptando una estructura monocasco de aluminio (compartida con el Range Rover) que permite un ahorro de peso teórico de 480 kg, y líneas más redondeadas. Posicionado como un SUV familiar premium de 7 plazas reales, conserva unas capacidades todoterreno excepcionales gracias al sistema Terrain Response 2 y a su suspensión neumática. Sin embargo, su historial de fiabilidad es catastrófico: con una tasa de fallos del 25 % en la inspección técnica (TÜV) a los 3 años y una puntuación de 2/5 en What Car?, figura entre los SUV premium menos fiables del mercado. La electrónica, la suspensión y las motorizaciones son fuentes de averías recurrent
El Land Rover Discovery V es una paradoja: es uno de los SUV familiares más polivalentes, cómodos y capaces del mundo, pero su fiabilidad es abismal. Las estadísticas del ADAC, de la TÜV (25 % de fallos a los 3 años) y de What Car? (38 % de averías anuales) dibujan un panorama alarmante. La electrónica caprichosa y la suspensión neumática frágil son nidos de problemas costosos. Si debe comprar uno obligatoriamente, priorice imperativamente una motorización de gasolina (el 3.0 Si6 V6 con compresor es el más robusto mecánicamente, a pesar de su consumo gigantesco). Huya de los diésel de 4 cilindros (Ingenium) y desconfíe de los V6 diésel (roturas de cigüeñal). Condición de compra estricta: Compre este vehículo solo si cuenta con una garantía del fabricante o una extensión de garantía completa (tipo Land Rover Approved) que cubra la electrónica y la suspensión. Sin garantía, el riesgo financiero es demasiado alto.