El Land Rover Defender de segunda generación (L663) marca una ruptura radical con su ilustre predecesor (L316). Atrás queda el rústico chasis de largueros, dando paso a la plataforma monocasco de aluminio D7x, compartida con el Discovery pero reforzada. Disponible en tres distancias entre ejes (90, 110, 130), ofrece unas capacidades todoterreno excepcionales gracias a una electrónica de vanguardia (Terrain Response 2) y a una sofisticada suspensión neumática, al tiempo que ofrece un confort de marcha digno de un SUV de lujo. Sin embargo, este derroche tecnológico tiene un precio en la fiabilidad: las estadísticas del ADAC (4.5 averías/1000), del TÜV Report (22% de defectos a los 3 años) y de What Car? (33% de averías reportadas el primer año) sitúan al Defender L663 por debajo de la media
El Land Rover Defender L663 es un vehículo de contrastes: es sin duda el 4x4 más polivalente del mundo, capaz de atravesar un barrizal infame al tiempo que ofrece el confort de una berlina de lujo en autopista. Las motorizaciones diésel de 6 cilindros (D250 y D300) son verdaderos éxitos mecánicos, perfectamente adaptadas a la masa del vehículo. Sin embargo, los datos objetivos (ADAC, TÜV Report, What Car?) y la larga lista de llamadas a revisión oficiales dibujan un panorama preocupante en cuanto a la fiabilidad electrónica y el control de calidad en fábrica. La compra de un Defender de ocasión solo debe plantearse con una garantía del fabricante o una extensión de garantía sólida. Evite los modelos 2020 equipados con el diésel de 4 cilindros, y priorice un modelo 2022+ con el diésel de 6 cilindros (D250/D300) en el que se han corregido los defectos de juventud del software.