El Jaguar F-PACE (X761) marca la entrada histórica de la marca del felino en la era de los SUV. Basado en la plataforma de aluminio iQ-Al (compartida con las berlinas XE/XF y el Range Rover Velar), destaca por un comportamiento en carretera muy dinámico, cercano al de una berlina deportiva, y un diseño aclamado por la crítica. Sin embargo, su carrera se divide en dos capítulos distintos. La Fase 1 (2016-2020) sufrió de plásticos interiores indignos de su categoría, un sistema de infoentretenimiento (InControl) lento y con errores, y sobre todo de graves problemas de fiabilidad en sus motores diésel de 4 cilindros. La Fase 2 (finales de 2020) corrige magistralmente el rumbo: el habitáculo se rediseña por completo con materiales lujosos, la electrónica de a bordo pasa al sistema Pivi Pro (ex
El Jaguar F-PACE es un SUV lleno de cualidades dinámicas, pero que ha pagado caros sus errores de juventud. La Fase 1 (2016-2020) debe abordarse con extrema precaución, particularmente en la motorización diésel 2.0 Ingenium, donde el riesgo de rotura del motor (cadena de distribución) es real y está documentado. Por el contrario, la Fase 2 (finales de 2020+) transforma el intento: el interior se vuelve digno del emblema, la electrónica por fin es fiable (Pivi Pro) y los motores se actualizan. Para una compra tranquila, huya de los primeros diésel de 4 cilindros. Priorice un modelo de gasolina (P250/P300), un V6/V8 por placer, o un modelo post-2020 con un historial de mantenimiento transparente y cambios de aceite adelantados.