El Ford Focus de segunda generación (DA3), lanzado a finales de 2004 y rediseñado a principios de 2008 (adoptando el Kinetic Design), se basa en la excelente plataforma C1 desarrollada conjuntamente con Mazda (Mazda 3) y Volvo (S40/V50/C30). Se estableció como la referencia de su categoría en cuanto a comportamiento en carretera, ofreciendo un compromiso excepcional entre confort y agarre gracias a su eje trasero multibrazo Control Blade. En el plano mecánico, esta generación marca la integración masiva de las motorizaciones diésel resultantes de la asociación PSA/Ford (1.6 y 2.0 TDCi), junto con el bloque 1.8 TDCi 100% Ford. Si bien las cualidades dinámicas y la habitabilidad son innegables, la fiabilidad global contrasta fuertemente según la motorización elegida, concentrando el 1.6 TDCi
El Ford Focus II es un coche con dos caras. Equipado con un chasis brillante y una excelente habitabilidad, constituye una compra muy inteligente en versión de gasolina (especialmente los bloques 1.6 100 CV o las versiones Flexifuel) o con el robusto diésel 2.0 TDCi. Sin embargo, el muy extendido 1.6 TDCi 109 CV es una verdadera fuente de problemas que ha arruinado la reputación del modelo; debe evitarse a menos que haya sido escrupulosamente fiabilizado. Sea cual sea el modelo, prevea un presupuesto para la inevitable reparación de las soldaduras del cuentakilómetros. Es un vehículo a NEGOCIAR con prudencia, apuntando exclusivamente a las buenas motorizaciones.