El Ford Explorer de quinta generación (U502) marca un punto de inflexión radical en la historia del modelo. Abandonando el chasis de largueros por una estructura monocasco (plataforma D4 compartida con el Ford Taurus y el Volvo XC90 de primera generación), pasa de ser un auténtico todoterreno a un gran SUV familiar (crossover) que prioriza el confort en carretera. Ofrecido con tracción delantera (FWD) o tracción total (AWD), experimentó un rediseño importante en 2016 (frontal rediseñado, nuevo motor 2.3L EcoBoost, mejoras tecnológicas) y una actualización menor en 2018. Aunque es extremadamente popular en Norteamérica, su fiabilidad general es considerada por debajo de la media por organismos como J.D. Power y Consumer Reports, principalmente debido a debilidades crónicas en la tracción to
El Ford Explorer V (U502) ofrece un espacio y un confort innegables para las familias numerosas, con un aspecto de estatus. Sin embargo, su historial de fiabilidad se ve empañado por costosos defectos de diseño. La compra de un modelo V6 (3.5L atmo o EcoBoost) es una apuesta arriesgada sin pruebas formales del reemplazo reciente de la bomba de agua interna y de cambios de aceite regulares de la caja de transferencia (PTU) para las versiones AWD. Las versiones de 4 cilindros (2.0L y 2.3L EcoBoost) son en general menos problemáticas a nivel mecánico. Priorice un modelo rediseñado (2016+) para beneficiarse del sistema SYNC 3, mucho más estable, y asegúrese de que se hayan realizado las numerosas llamadas a revisión de la suspensión trasera.